One Hundred Years of Solitude Quotes
Fantasy books, Magic realism novels, Magic realism, Novels
Top Quotes
“Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede.”
“La ansiedad del enamoramiento no encontraba reposo sino en la cama.”
“Un minuto de reconciliación tiene más mérito que toda una vida de amistad.”
“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.”
“El mundo se redujo a la superficie de su piel, y el interior quedó a salvo de toda amargura.”
“Wikipedia: One Hundred Years of Solitude”
“«Tanto joderse uno», murmuraba el coronel Aureliano Buendía. «Tanto joderse para que lo maten a uno seis maricas sin poder hacer nada.»”
“Aureliano fijó en ella una mirada que la envolvió en un ámbito de incertidumbre.
—Alguien va a venir—le dijo.
Úrsula, como siempre que él expresaba un pronóstico, trató de desalentarlo con su lógica casera. Era normal que alguien llegara.”
“—¡Carajo! —gritó.
Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.
—¿Dónde está?— preguntó alarmada.
—¿Qué?
—¡El animal!—aclaró Amaranta.
Úrsula se puso un dedo en el corazón.
—Aquí—dijo.”
“''La ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombre en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque '''las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.'''''”
“En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa donde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra.”
“—Qué quería —murmuró—, el tiempo pasa.
—Así es,—dijo Úrsula—, pero no tanto.
Al decirlo, tuvo conciencia de estar dando la misma réplica que recibió del coronel Aureliano Buendía en su celda de sentenciado, y una vez más se estremeció con la comprobación de que el tiempo no pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en redondo.”
“En la escuela desportillada donde experimentó por primera vez la seguridad del poder, a pocos metros del cuarto donde conoció la incertidumbre del amor, Arcadio encontró ridículo el formalismo de la muerte. En realidad no le importaba la muerte sino la vida, y por eso la sensación que experimentó cuando pronunciaron la sentencia no fue una sensación de miedo sino de nostalgia.”
“''Carmelita Montiel, una virgen de veinte años, acababa de bañarse con agua de azahares y estaba regando hojas de romero en la cama de Pilar Ternera, cuando sonó el disparo. Aureliano José estaba destinado a conocer con ella la felicidad que le negó Amaranta, a tener siete hijos y a morirse de viejo en sus brazos, pero '''la bala de fusil que le entró por la espalda y le despedazó el pecho estaba dirigida por una mala interpretación de las barajas.'''''”
“'''''Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.''' Macondo era entonces una aldea de veinte casa de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.''”
“La presencia de Amparo Moscote en la casa fue como una premonición. «Tiene que venir con ella», se decía Aureliano en voz baja. «Tiene que venir.» Tantas veces se lo repitió, y con tanta convicción, que una tarde en que armaba en el taller un pescadito de oro, tuvo la certidumbre de que ella había respondido, a su llamado. poco después, en efecto, oyó la vocecita infantil, y al levantar la vista con el corazón helado de pavor vio a la niña en la puerta con vestido de organdí rosado y botitas blancas.”
“Sus cino hijas, herederas de una semilla ardiente, se perdieron por los vericuetos de la vida desde la adolescencia. De los dos varones que alcanzó a criar, uno murió peleando en la huestes del coronel Aureliano Buendía y otro fue herido y capturado a los catorce años, cuando intentaba robarse un huacal de gallinas en un pueblo de la ciénaga. En cierto modo, Aureliano José fue el hombre alto y moreno que durante medio siglo le anunció el rey de copas, y que modo todos los enviados de las barajas llegó a su corazón cuando ya estaba marcado por el signo de la muerte. Ella lo vio en los naipes.”
“Extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo. Le molestaba la gente que lo aclamaba en los pueblos vencidos, y que le parecía la misma que aclamaba al enemigo. Por todas partes encontraba adolescentes que lo miraban con sus propios ojos, que hablaban con su propia voz, que lo saludaban con la misma desconfianza con que él los saludaba a ellos, y que decían ser sus hijos. Se sintió disperso, repetido, y más solitario que nunca. Tuvo la convicción de que sus propios oficiales le mentían. Se peleó con el duque de Marlborough. «El major amigo—solía decir entonces—es el que acaba de morir.»”
“Implantó el servicio militar obligatorio desde los dieciocho años, declaró de utilidad pública los animales que transitaban por las calles después de las seis de la tarde e impuso a los hombres mayores de edad la obligación de usar un brazal rojo. Recluyó al padre nicanor en la casa cural, bajo amenaza de fusilamiento, y le prohibió decir misa y tocar las campanas como no fuera para celebrar las victorias liberales. Para que nadie pusiera en duda la severidad de sus propósitos, mandó que un pelotón de fusilamiento se entrenara en la plaza pública disparando contra un espantapájaros. Al principio nadie lo tomó en serio.”
“No había dejado de desearla un solo instante. La encontraba en los oscuros dormitorios de los pueblos vencidos, sobre todo en los más abyectos, y la materializaba en el tufo de la sangre seca en las vendas de los heridos, en el pavor instantáneo del peligro de muerte, a toda hora y en todas partes. Había huido de ella tratando de aniquilar su recuerdo no sólo con la distancia, sino con un encarnizamiento aturdido que sus compañeros de armas calificaban de temeridad, pero mientras más revolcaba su imagen en el muladar de la guerra, más la guerra se parecía a Amaranta. Así padeció el exilio, buscando la manera de matarla con su propia muerte.”